
La
alegría de otros debe ser una razón para nuestra felicidad. Cuando un
hijo se gradua, cuando un nuevo miembro de la familia nace, la boda de un
amigo o el éxito de alguien muy cerca a nosotros. El egoismo y la envidia
son los enemigos más grandes de la felicidad, el pensar "por qué él
y no yo" no debe ser parte de nuestras vidas. Necesitamos cambiar
nuestros momentos negativos en felices deseando lo mejor para los otros,
así nuestra felicidad se multiplicará. Llevar felicidad a otros da
felicidad a uno mismo. No te niegues la oportunidad de disfrutar de la
felicidad de otros.
La satisfacción de ser exitosos es causa de gran felicidad, igual que los
atletas cuando ganan una competencia. La vida es una competencia continua
y tenemos la obligación de dar el máximo esfuerzo para lograr nuestros
objetivos. Con progreso aprendemos a disfrutar nuestros pequeños triunfos.
No hay nada malo en soñar con la felicidad que deseamos, pero necesitamos
creer en nuestros triunfos y en nosotros mismos.
Mis mejores deseos
Editor